Consultar con la almohada

Selina Blasco. Facultad de Bellas Artes UCM (Madrid)


Almudena Lobera dice que su obra gira en torno a realidades no visibles, fruto de fantasías, desórdenes mentales u obsesiones. Tiene entre manos, pues, realidades muy poderosas, que lo son precisamente por su invisibilidad. ¿Cómo dar cuerpo a esas fuerzas? Leonardo da Vinci, maestro de representar lo invisible, recomendaba atender a sus efectos; pintar el viento, por ejemplo, doblegando las ramas de los árboles y volviendo sus hojas hacia donde sopla.

Igual que el aire, lo invisible está colmado de imágenes, a las que la artista da cuerpo con una herramienta apropiada porque es igualmente liviana y fuerte a la vez: el dibujo. Por la ingravidez de los materiales y del utensilio con los que trabaja, Almudena puede acumular mucho, puede cargar gran número de cosas. De ahí su generosidad, la facilidad con la que parecen surgir los dibujos que realiza. Creo que ha decidido ser artista para poder encauzar todo lo que es capaz de imaginar. Sus dibujos brotan en una especie de efusión gozosa que, como ocurre tantas veces, está íntimamente ligada al cuerpo y a la vida. Respecto al cuerpo: casi siempre representa mujeres, a las que reinventa a través del dibujo. Algunas –no siempre- se parecen a ella, como esas que transforman su cola de caballo en catalejo. Otras, por ejemplo, tejen sus pestañas: al fin y al cabo, dibujar también es coser unas cosas a otras. Su afición a la sombra me recuerda, de nuevo, a Leonardo, que la recomendaba “para acentuar las figuras de los cuerpos”. Respecto a la vida: basta con decir que la he oído canturrear mientras pasaba las diapositivas de un power point en la presentación de su obra.

Las fotos de personas enredadas entre telas de su serie “Desvelaciones” también tienen que ver con la creación de enigmáticos dispositivos o artilugios de invisibilidad que, manteniendo esa constante que recorre su obra, sean sutiles por la mezcla de lo que esconden y lo que muestran. Y este gusto por lo oculto se despliega igualmente en las instalaciones y en la mayor parte de los objetos que incluye en ellas. Creo que el que mejor identifica el quehacer y los afanes de Almudena es la almohada, esa pieza blanda y ligera, pero potentísima, que es oráculo, escondite y arma para la guerra, según pinten las cosas. Sobre ella imagino que pone a dormir las dudas, las decisiones y las obsesiones, y, una vez mezclado todo en esas zonas de visibilidad intangible que son los sueños, al despertar, fragua las imágenes que se apresura a materializar.
























































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