Crimen perfecto



Crimen perfecto, 2007-2008
Fotografía.
Serie de 5 fotografías dispuestas en una fila horizontal. 40 x 40 cm c/u.


La ciencia avanza y nuestra identidad desaparece... Esta obra se centra en la cirugía estética facial.

La cabeza es la parte de nuestro cuerpo que más identidad personal recoge. El ser humano siempre ha maquillado o customizado su rostro y cabeza, adaptándolos a las tendencias estilísticas e ideales de belleza de su época; pero siempre ha habido una materia prima natural que no podía ser remodelada.

Hoy, esto ha cambiado. Se puede rediseñar el rostro, modificar todas las formas faciales que nos definen y convertirnos en seres físicamente diferentes, nuevos e irreconocibles. ¿Por qué este afán por reestructurarnos la cara?

El hecho de someterse a una operación médica siempre ha sido algo temido, sin embargo actualmente son cada vez más las personas que acuden a los centros de cirugía estética para cambiar su nariz, labios, pómulos... En la televisión vemos gente orgullosa con su nueva imagen, aunque mejor sería llamarlo nueva identidad. No hay una total garantia de buenos resultados; algunos incluso fallecen en la intervención quirúrgica, y ni siquiera los riesgos evidentes retraen
al público. La gente vive más preocupada por su exterior que por su interior. Cuerpos vacíos y exteriormente “perfectos” e iguales... un verdadero rebaño animal. ¿Es eso lo que somos o queremos ser los humanos?

Crimen Perfecto muestra de forma dramática el proceso de esta voluntaria metamorfosis humana. Juego con mi imagen dibujándome las líneas que utilizan los cirujanos plásticos, los nuevos y, quizá, los verdaderos “artistas” de nuestro tiempo. El rostro se convierte en un soporte gráfico, un croquis, un patrón, un esquema de líneas discontinuas que acotan áreas y determinan simetrías. Cuanto más dibujado está el rostro, más dramática es la imagen hasta llegar al final del proceso de “diseño”, lo que sería el comienzo de la intervención.

Es una metáfora de la cirugía estética como muerte de la identidad. La última imagen de la secuencia es realmente desagradable e impactante. Diferente del resto, donde aún había movimiento y vida. Los cabellos ya no ondean, la cara carece de expresión, la cabeza está hundida y la identidad personal a punto de ser perdida...